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Por Rodrigo Solís.
La desaparición de Pinky
Tengo muchas amigas por Facebook a las que por desgracia (o quizás fortuna) no conozco en carne y hueso. La mayoría de ellas son hermosas, mujeres esculturales. O tal vez no. Sospecho que la triste y cruda realidad es que mis amigas cibernautas son mujeres feas y gordas que suben a la red fotos falsas o trucadas, es decir, imágenes donde aparecen féminas despampanantes que no son ellas, o fotos de ellas retocadas con Photoshop para hacerse pasar por beldades a los ojos de personas superficiales y fisgonas como yo.
Lo cierto al caso es que soy un hombre curioso, o mejor dicho, un hombre incrédulo. Le he pedido a una de mis amigas del Facebook que me deje comprobar que las curvas que tanto presume en sus fotografías son las mismas delante de su cámara web. Lejos de ofenderse, mi amiga accede. En pantalla aparecen unas torneadas piernas abiertas que dejan ver un diminuto calzoncito blanco. No puedo evitar estremecerme. En seguida, mi amiga pide disculpas, asegura que su lascivo movimiento fue un accidente, sólo quería acomodarse en la cama para poder chatear más a gusto conmigo.
-Sorry, no fue intencional –escribe ella.
Intencional o no, poco me importa. En la pantalla del monitor compruebo que mi amiga es la mujer de rasgos masculinos, toscos, a lo Penélope Cruz, justo la chica que me erizó la piel desde el primer día que vi sus fotografías gracias a que ella aceptó mi solicitud de amistad por ser yo amigo (o enemigo) de un amigo de su cuñada, a quien en realidad no conozco en carne y hueso ni en fotografía ni a través de ningún otro medio audiovisual, salvo por sus inflamados correos electrónicos donde asegura que soy un patético escritor sin ningún talento o futuro.
Chateamos durante largas horas. O mejor dicho, mi amiga es la que chatea, la que me cuenta su vida, sus fobias, sus manías, sus desvaríos, las fantásticas historias de su mamá, como la del día en que entró a su cuarto de madrugada, mientras dormía y la roció con agua bendita blandiendo en todo lo alto la imagen de la Virgen del Sagrado Corazón de Jesús al tiempo que espolvoreaba en el piso sales exorcizantes, pues está convencida de que su hija tiene metido al diablo adentro; también me cuenta su pasión por las letras, de su guión de teatro recién terminado, de la escritora que un día la abordó para pedirle permiso para escribir su biografía y llevarla al teatro; de su debilidad por la gente fea, horrible, y la frustración que sintió con su último amante que no pudo tener una erección justo cuando la tenía a ella, mujer de cuerpo suculento y ardiente, desnudita, sólo para él.
-¿Te ha ocurrido eso a ti? –escribe ella.
Miento. Le digo que jamás. Y con la seguridad que sólo puede brindar saberme a cientos de kilómetros de distancia, me aventuro a decirle que puede contar conmigo cuando quiera, que nunca fallo a la hora de la verdad.
-Eso me gustaría verlo –escribe ella.
Observo un esbozo de sonrisa diabólica, pícara, sus dientes resplandecen en el monitor de la computadora. Le pregunto si tiene novio. Ella contesta que no. Dice que no cree en las relaciones. Que sólo ha tenido tres novios y con todos ellos terminó a los dos o tres meses de iniciado el romance.
-Me gusta estar sola –escribe ella.
-Me estresa estar con alguien –escribe ella.
-Me roban mi tiempo y espacio –escribe ella.
-¿Tú tienes novia? –escribe ella.
Respondo que no. Que coincidentemente también sólo he tenido tres novias, con las cuales, igual que ella, he durado un tiempo brevísimo, salvo con la primera, pero esto lo atribuyo al hecho de que vivíamos en ciudad lejanas y nada más nos veíamos una o dos veces al año.
-Uy, que cute –escribe ella.
-Mi ex novio también vivía lejos –escribe ella.
-Me celaba mucho –escribe ella.
Le pregunto por qué la celaba.
-No sé –escribe ella.
-Me llamaba cada 5 minutos –escribe ella.
-Incluso entre canción y canción –escribe ella.
Pronto descubro que el ex novio de mi amiga es un famoso cantante de rock. Esto lo compruebo al indagar en uno de sus álbumes de fotografías del Facebook. Mi amiga aparece con una rosa de tallo espinado ensartada en la comisura de sus enromes, voluminosos pechos, sentada en las piernas del famoso rockero.
Le confieso que nunca imaginé que una estrella del rock pudiera llegar a sentir celos de su novia. Menos su ex novio, roquero enloquecido y mujeriego.
-Uy, era celosísimo –escribe ella.
Entonces entro a otros álbumes y descubro a mi amiga abrazada con otras estrellas de rock (más famosas), sonriente, el escote y la falda diminutos.
-Ahora entiendo –escribo.
-¿Qué entiendes? –escribe ella.
-¿Eres celoso? –escribe ella.
Miento. Respondo que no. Que soy un hombre liberal que defiende y apoya la promiscuidad, la bigamia, los tríos, las orgías. Mi amiga levanta una ceja. Escruta la cámara web como si pudiera mirar através de ella directamente a mis ojos. Luego, sale de la cama. Abre y cierra algunos cajones de su buró. Se rasca la cabeza.
-¿Qué se te perdió? –escribo.
Mi amiga se acerca a la computadora.
-El único amigo en el que confío –escribe ella.
-El que nunca me abandona –escribe ella.
-Probablemente el único amor de mi vida –escribe ella.
Mi amiga se dirige a su closet. Mueve varios vestidos. Se agacha. Recoge una caja del suelo. Se acerca a la cámara, la mirada traviesa.
-Nos vemos mañana –escribe ella.
-Tengo una cita –escribe ella.
Mi amiga abre la caja. Mete la mano y sus ojos se ponen redondos, empañados por el pánico. Dice algo que no logro descifrar en sus labios. Luego escribe:
-Pinky, no está.
Mi amiga vuelve a salir de la cama. Desaparece y aparece del ojo de la cámara web. Agita los brazos, se revuelve el pelo. Se agacha. Brinca. Abre y cierra cajones. Descuelga la ropa de su clóset.
Le deseo suerte en la búsqueda de su amigo Pinky, quien quiera que sea ese elfo o enano que tanta paz y tranquilidad le brinda. Le digo que es una chica encantadora. Que ha sido un placer conocerla en vivo y que me gustaría seguir platicando con ella cuando tenga tiempo libre. Todo eso le digo dejándole mensajes, pues ella ha desaparecido del cuarto. Sólo se ve su cama, las sabanas arrugadas, deshechas y las puertas de su clóset abiertas.
Retomo la escritura de mi novela. He decidido que a finales de este mes debo ponerle punto final. Finiquitar ese mamotreto de capítulos autobiográficos que no tiene pies ni cabeza y que con seguridad mi amigo, el escritor famoso y laureado, seguramente odiará cuando se la envíe tal y como prometí hace varios meses.
Han pasado dos horas. Los ojos me arden. Voy a la cocina por una taza de café. Pretendo pasar lo que resta de la madrugada en vela, afinando (si es que cabe ese calificativo) mi horrible novela. Al regresar a la computadora descubro que todas mis ideas son trilladas, aburridas. Entonces llama mi atención una pequeña ventana junto a la ventana de Word. Olvidé cerrarla. Le doy un clic y aparece el cuarto de mi amiga del Facebook. Allí esta ella. Dormida. Con la tenue luz de una lámpara sobre la mesita de noche. Iluminando parcamente la habitación. Su sueño es profundo, sobrecogedor. Me pregunto si habrá dejado apropósito prendida su computadora para que la observe con encendido voyeurismo o acaso fue un descuido. Pienso que debo cerrar la ventana y no entrometerme en este delicioso accidente. Pero justo cuando voy a hacerlo, aparece una silueta humana que se desliza junto al clóset de mi amiga, no descifro si la silueta es masculina o femenina, lo único que logro ver con asombrosa claridad es un largo, nudoso, brilloso y rosado consolador que lleva en una mano y que coloca con delicadeza dentro de un cajón del clóset.

Por dAVo
Quiero tener recuerdos contigo
Cuando lleguemos a ancianos… si llegamos
Que a tu mente lleguen esas imágenes
Cuando podías sujetar con tus dos manos mi cabello
Y yo me aferraba a tu cintura y a tus labios
Retomando aquellas imágenes en la playa
Enseñándote a nadar y a hacer bucitos
Con los peces de colores jugando entre tus piernas
Quiero que te acuerdes de mí
Cuando ya no este
Que con el silbido del aire lleguen hacia ti
Mi voz
Repitiendo una y otra vez
Todo lo que te ame y seguiré amándote
Como te lo prometí.
Que cuando escuches nuestra canción
Se te llene el estomago de mariposas
Como la primera vez que bailamos juntos.
Y tu alma se llene de alegría
Olvidando todas tus penas.
Quiero que te acuerdes de mí
Y alcanzar en tu corazón la inmortalidad
Reflejada en nuestros hijos
Y en nuestros nietos
Con las historias de nuestros tiempos.
Quiero que te acuerdes de mí
Porque yo nunca dejare de pensar en ti.

Creo que de todo lo que me dijo, fue lo que más se me quedo. Me sentí muy tranquila en realidad platicando con ella. Creo que me pudo llegar a entender.
Has de tener mucho valor, más que nada yo no te veo deprimida, más bien te veo cansada, agotada.
Tu bien sabes que hasta el actor más profesional necesita un descanso y tu no te lo estas dando a ti misma. Siento que estas llevando tu vida como dando un gran espectáculo, tratando de tener a todos contentos con el modelo de niña que quieren que seas pero tienes que empezar hacer que respeten tu personalidad.
- Sientes que en algún momento dejaste de vivir tu etapa por cuidar de tu hermanita.
- Si. Me acuerdo como mi mamá me pedía que la cuidara para que ella fuera a agarrar el pedo con sus amigas…
- No estas para cederle las etapas de tu vida a nadie.
- Te juro que los odio.
- Intenta encontrar un termino medio para poder para tener una relación lo más sana que se pueda con ambos. ¿Qué crees que hubiera pasado si no se hubieran separado tus papás?, Si no hubieras vivido lo que viviste, ¿estarías aquí?
- No, posiblemente estuviera fumando un cigarro en el coche de alguna amiga o platicando con algún wey.
- Pero sin embargo estás aquí, contándome todo esto que quieres lograr y hacer. Tal vez… si no hubiera pasado todo esto serias una niña más preocupada por la fiesta del próximo día, o por el galán que piensa tener.
Desde esto empecé a verme menos mal…
menos jodida la verdad….
tal vez la loca y rara del cuento no sea yo. Puede ser que mas
adelante llegue a cambiar algo… o por lo menos alcanzar una
estrella….
una de las miles mas que quiero.
Por dAVo

Hemos llegado a la cantidad de 100 mil visitas a este su Nosocomio favorito.
Debo decir que estoy muy contento pues para ser un blog en donde NO se bajan peliculas, canciones, videos pornograficos y demas material con derechos de autor, bastante bien nos ha ido.
Muchas gracias por seguirnos y ser parte de la locura colectiva con sus comentarios y aportes.
Por hc 90
He dejado de creer en el amor,
almenos en el amor de envolturas de chocolates.
En el amor de tarjetas prefabricadas,
en el amor que se juran lo infieles
en el amor vacio.
Aquel que puede describirse,
explicarse con simples palabras.
Me declaro incredulo, no esceptico de este amor,
el amor de los pobres de espiritu.
Los besos sin amor se sienten…
como si uno estuviera comiendo helado
frios y con un sabor predecible
anunciado en la envoltura.
He perdido toda fé en ese amor,
yo que alguna vez dije amar a alguien
y pense que era amado.
Eso no era amor, era mas bien
una soledad comparida,un vacio mutuo.
Hoy se que no se puede explicar
no son mariposas en el estomago,
o un cosquilleo en las manos
tampoco una cara bonita
una cartera llena, no es nada
de lo que todos presumen.
No es que no quiera amar
o que necesite a alguien que me ame
no puedo consevir un amor de telenovela
un amor predecible, escrito
cuyo inicio y final son tan claros como el agua
un amor asi no es amor
Supongo que el amor…
si es que enverdad existe, es unico
que no es cuantificable, o comparable
con nada de lo que existe, no tiene un sabor en especifico
tiene todos, tampoco un olor color o forma
pues estos varian de persona en persona
el amor es algo…
bueno, si lo describo
entonces ya no es amor.

Por dAVo
Lo que he plasmado para ti.

Por Zaza Warrior
Me miraste a lo ojos, pude descubrir el rencor durante años guardado, todos los reproches que guardabas, las dudas que por las noches no te dejaban dormir, los insultos que gritaste en la cabeza en cada una de nuestras peleas.
“Esta noche he sentido el fuerte deseo de atarte a la cama y no dejarte partir, de obligarte a permanecer a mi lado, he querido hacerte cumplir la promesa que me hiciste de amarme por siempre, he querido decirte cuanto te amo y te necesito, pero no he tenido el valor, el miedo me ha paralizado incluso al escuchar como te preparas para partir, ni siquiera ese ultimo obstáculo que fue al salir me ha dado el valor necesario para ponerme de pie y detenerte, te amo, pero he comprendido que hay historias que comienzan contigo y terminan sin ti, lo he comprendido bien, pero no lo acepto, no quiero seguir viviendo esta historia sin tu presencia… se feliz”
Ahora que termino de leer la carta por décima u onceava vez, no sé que hacer con ella, no sé que hacer conmigo, no sé que hacer con este amor, tampoco quiero vivir mi historia sin ti.
Por: 4lerock
Voy en mi auto de papel
Caminando por mis calles de papel
Entrando en mi casa de papel.
Abro mi puerta de papel y
Sacudo mis pies en el papel.
Otra vez veo tu rostro de papel
Y beso tus labios de papel
Detrás de tu foto de papel.
Golpean las gotas de papel
En mi ventana de papel
Y mojan mis ropas de papel
Que seco al sol de cuando en vez.
Saco mis libros de papel
Y escribo mis letras en papel
Las letras que me tienen de rehén.
Vomita las letras el papel
Tomo mis pastillas de papel
Para no escuchar esas voces de papel
Y de papel es el edén.
Y frágil el papel.
Por dAVo
Mi amor se desvanece entre barbitúricos, pastillas y alcohol.
Es incapaz ya de mirarme a los ojos.
No escucha mis gritos y empiezo a creer que son inútiles mis esfuerzos.
La levanto entre mis brazos y la deposito en la tina
Abriendo la llave con el agua fría saliendo a borbotones.
El humo del cigarro se encuentra dibujando siniestros patrones
Apartándola a cada segundo de este mundo.
¡Reacciona por el amor de Dios!
¿Qué voy a hacer sin ti?
Sin tu sonrisa y tus besos
Sin las tardes bajo el cerezo.
Ya no me escuchas, estas lejos.
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Por dAVo
Pinte la puerta de azul para reflejar tu nombre
Con un aerosol dibuje nubes y mensajes ocultos
Con la esperanza de que algún día los descifraras
Para que entre planetas y estrellas me encontraras
Pinte la puerta de azul para recordarte
Para sentirte cerca de mi y no olvidarte
Son mil poemas hacia ti dedicados
Montañas de papeles conservados.
Pinte la puerta de azul y pasaste de largo
Obsesionada en tu mundo, no quisiste entrar
Es fuerte el dolor que ahora cargo
Pues a pesar de querer intentar
Tú nunca me podrás amar
Pinte la puerta de azul, y ya no estas
Te has ido, desvanecido, concluido.
Me arranque el corazón para ti
Pero lo dejaste en el congelador, frio y aturdido
Sin un latido.
Pinte la puerta de azul para reflejar tu nombre
Con un aerosol dibuje nubes y mensajes ocultos
Con la esperanza de que algún día los descifraras
Para que entre planetas y estrellas me encontraras
Pinte la puerta de azul para recordarte
Para sentirte cerca de mi y no olvidarte
Son mil poemas hacia ti dedicados
Montañas de papeles conservados.
Pinte la puerta de azul y pasaste de largo
Obsesionada en tu mundo, no quisiste entrar
Es fuerte el dolor que ahora cargo
Pues a pesar de querer intentar
Tú nunca me podrás amar
Pinte la puerta de azul, y ya no estas
Te has ido, desvanecido, concluido.
Me arranque el corazón para ti
Pero lo dejaste en el congelador, frio y aturdido
Sin un latido.

Por Baudel
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Hablemos, hay cosas que debo decirte y no sé por donde empezar. Te pido tu atención, es importante para mí.
No, no digas nada, me lo has dicho todo y yo me quedé callado, no entendí nada cuando lo decías, mi entendimiento estaba nublado, pero eso no quiere decir que no te haya querido.
Tú eres mi padre, y estoy orgulloso de ser tu hijo; de que me hayas educado en la forma en que lo hiciste, de que me hayas abierto paso a machetazos entre la maleza de la vida, espinándote los pies y sangrando tu cara, acudiendo presuroso a recibir los golpes que eran para mí, todo para yo pisara entre los delicados céspedes del camino de mi existencia.
No sabes cómo te necesito ahora, no sabes cómo quisiera sentirme nuevamente un niño, tocar tu barba, correr y saltar a tus piernas y buscar que me abraces y sentirme seguro de todo.
Necesito sentir tu mano envolviendo la mía, guiándome en el camino; quiero oír la risa que te arrancaban mis gracias de niño. Quiero hacerme otra vez el dormido cuando te acercabas a besarme por las noches.
No sabes como extraño los paseos por el parque los domingos, los dulces que me comprabas, cuando me enseñaste a subirme a una bicicleta y cuado visitábamos a los abuelos.
Me haces falta, como cuando eras mi cómplice en mis travesuras, cuando me llevabas a la escuela y me dabas consejos, cuando hablaste conmigo el día que probé las drogas, cuando me dejó la mujer que amaba.
Fuiste mi escudo, mi héroe, el hombre juicioso a quien siempre le pude contar abiertamente mis cosas. Siempre fuiste un hombre que enfrentaba los infortunios de la vida como lo haría un soldado en batalla, y siempre encontrando una solución a todo, sin importar cuan difícil fuera la situación.
Sembraste en mi la semilla del trabajo, de las grandes aspiraciones, la prudencia, la equidad, y tantas cosas más; lograste que siguiera tus pasos, deseoso de un día ser como tú y llegar a verte orgulloso de mí. Seguí tu imagen, como un ciego se afanaría al más mínimo destello de luz.
Si ya sé… no me digas nada, déjame terminar, ya sé que con el tiempo, cuando crecí todo fue distinto, que nunca te escuchaba, que me volví una mala persona, un mal hijo, que nunca lograste que dijera: “Si, tienes razón, lo voy a intentar”. Eso ya lo sé de sobra, y no te imaginas como me pesó no atenderte a tiempo, cuando los hombres necesitan más que nunca tener la razón de su lado.
Pero en el fondo yo sabía que tenías toda la razón del mundo, mi impericia en la vida, mis escasos años, mi pobre visión de la juventud y toda mi insolencia en contra tuya retorcían tus nervios y tu tranquilidad, te hacían pensar que nunca cambiaría, que habías fallado como padre. ¿Crees que no me dolió cuando te vi llorar?, nunca te dije que te vi llorando amargamente, yo estaba escondido tras un mueble cerca de la puerta de tu habitación, y lo vi todo. ¡Maldita sea… sentí unas ganas tremendas de correr y abrazarte!, Pero pudo más en mi el orgullo, y el no tener el valor de pedir perdón. Hay muchas cosas que nunca te dije.
Nunca te dije que vi a un hombre arrodillado ante las cenizas de su padre, por no haberle dado el gusto de verlo convertido en todo un hombre, por andar perdiendo el tiempo y la vida en cosas fútiles, enemigas de la razón. Y cuando vi eso, me hice a la idea de que nunca probaría semejante trago, y ya ves…
Por eso ahora, déjame consolarme de algún modo, necesito escuchar de tus labios que estás orgulloso de mí, que soy un hombre digno y que soy lo que esperabas que fuera; quien con más derecho que tú para decirlo.
¿Sabes?… tengo un hijo, y me di cuenta que uso con él las mismas palabras que usabas conmigo a causa de toda mi insensatez, por eso vine a buscarte, como siempre tú debes tener la solución, dame un consejo y a mi vez, yo se lo daré a mi hijo, es muy importante para mí y para él.
Por favor, ignora esta lluvia, es más importante lo que hablamos, sé que no puedo hacerlo solo, tengo miedo de perder a mi hijo, no sé que hacer. Si tu sentiste este miedo, sabrás cuanto te necesito.
Caray… yo no sé que hago hablándote así… esta tumba jamás me va a contestar…
Lo tuyo es un caso rarísimo, algo realmente digno para la araña.
Tienes todo lo que una mujer de tu edad puede desear, pero te sientes miserable.
Tal vez es algo propio de la cualidad humana, nunca estar satisfecho, mantenerse inconforme y escupir al cielo vociferando lo infeliz y lo injusto que te trata todo el mundo.
Tres décadas han pasado ya desde que llegaste este planeta, y aun no sabes por que estas aquí.
Te he escuchado mientras tomamos un café, convencida de estar robando oxigeno sin aportar absolutamente nada.
He sido testigo de tus ataques de rabia, destrozando todo el lugar, porque estas tan enojada contigo misma que no soportas ver la felicidad ajena.
He sido tu paño de lágrimas cuando te han roto y has roto el corazón.
Confundida a la salida de cualquier bar, regresando a casa acompañada por cualquier patán, solamente para sentirte mas miserable al día siguiente.
En este momento me siento como un fotógrafo del Animal Planet que ya no puede intervenir al momento en que la cebra es capturada por el león o por algún cocodrilo, pues esta va directamente hacia ellos, dispuesta y gustosa.
Le has tomado gusto a la cocaína, dices que te hace sentir eufórica y poderosa, aunque sea por breves lapsos y cada vez sea mayor la cantidad que necesitar meterte al cuerpo.
El dinero no es problema, me expresas mientras manejas el convertible último modelo camino a la playa.
Algo de suicida debo de tener al aceptar acompañarte sabiendo tu estado.
Llegamos a la mansión de el “Chicho” uno de tus nuevos amantes que cumple años y esta festejando a lo grande.
El dj de moda esta amenizando la estancia, dos mujeres desnudas realizan su rutina con el fuego mientras los juniors se meten de todo como si estuvieran en bufete.
Una señorita que parecía salida de una revista con micro traje me toma de la mano, y me dirige a la alberca mientras te me pierdes de vista.
- Hoy soy tuya guapo, y me encanta serlo
Se que esta contratada por el anfitrión pues en la vida real estas cosas no suceden, no así.
He cometido el error de la noche pues te perdí de vista por la tentación.
Recorro la mansión tratando de localizarte, abriendo puertas y topándome con imágenes imborrables de situaciones que no puedo relatar.
Después de 45 minutos doy contigo en el baño de la habitación numero 7, sin ropa, inconsciente, con dos tipos abusando de ti, tomo una lámpara y golpeo en la cabeza al primero, el segundo asustado sale corriendo, te tomo entre los brazos gritando tu nombre para que reacciones, pero tu no dices nada, estas pálida.
Aúllo pidiendo ayuda, pero nadie llega, no tienes pulso, intento regresarte con RCP pero no reaccionas.
Has conseguido lo que querías.
Bonita manera de dejar este lugar.

Por las mañanas me levanto con la música de Beethoven patrocinado por el Ipod conectado al Sound System de la alcoba. Las sabanas de seda y el colchón de látex ergonómico traído de Asia intentan mantenerme en ella, aquí es donde el televisor de 52 pulgadas de plasma que pedí de Nueva York para escuchar las noticias entra en acción para arrebatarme el sueño.
Me doy un buen baño para comenzar el día; me rasuro con lo último en tecnología para afeitar, claro que no puede faltar el after shave y una loción tonificante de última generación.
Unas gotas de Calvin Klein aderezan mi limpieza.
Tengo un traje Armani listo, un reloj de cuatro mil dólares y un par de zapatos Manolo Blahnik recién boleados para vestirme.
El Blackberry me actualiza de las ganancias obtenidas desde la última hora en la que me fui a la cama, sin importarme cuantos menores de edad contratados a destajo he dejado sin futuro en la plantación.
Bajo al desayunador que tenemos en el jardín, junto a la cascada artificial, para poder admirar a las especies exóticas que he traído desde todo el planeta; es verdad que he tenido que corromper a algunos funcionarios pues en mi colección tengo varios ejemplares en peligro de extinción, pero lo valen, además, ¿Con quien estarían mejor cuidados si no es conmigo?
Bebo una taza de café negro sin azúcar, acompañados de dos panes recién tostados, cubiertos de mantequilla y aderezados con jalea de fresa.
Para terminar ingiero mis multi vitamínicos con un jugo de naranja recién exprimido.
Recibo las primeras llamadas del día.
El Cadillac negro en la puerta parece estar ansioso por partir.
Mi hija sale corriendo hacia donde estoy, le doy un beso a la princesa y me pregunta si esta noche podre ir a verla en su festival escolar.
- ¡Papito recuerda que me lo prometiste desde hace un mes.
- Cariño lo siento, hoy tengo que volar a Monterrey a una junta de negocios, pero al finalizar tu actuación estarán esperándote en tu camerino los girasoles que tanto te gustan, además he contratado al mejor director de videos musicales para no perderme los detalles de tu actuación vía Broadcast.
Me despido besándole la frente, mientras mi esposa esta ocupada atendiendo a la “Yayis” por el celular, fumándose el cuarto cigarro mentolado del día acompañado de un J&B, confirmando la cita con el arzobispo de nuestro Estado para ver que pueden hacer por los pobrecitos niños huérfanos.
Tengo el presentimiento de que hoy será un buen día.

¡Ja ja ja!
Me timbras a la medianoche
¿Y esperas que responda a tu celular?
¿Para que?
¿Para confirmar que estoy loca por ti?
¿Para que sepas que me preocupo por ti?
¡Imbécil, hijo de puta!
¡Egoísta manipulador!
¿Crees que a la hora que gustes puedes tenerme en tu colchón?
¡Que poca madre tienes señor sin corazón!
¿Por que no le llamas a una de tus golfas para estar a tu disposición?
Un mes ha pasado ya desde que me entregue a ti.
Un mes esperando una llamada tuya, un mensaje
¡Ya me lo hiciste varias veces maldito cabron!
De mi parte solo obtienes decepción
Te escuche, limpie tus lágrimas,
Te tome entre mis brazos mientras te decía que todo estaría mejor.
¿Pero que hiciste?
Me dejaste en un rincón
Abandonada en este sillón
Recordando cómo se quema tu habitación
¡Puto, malagradecido!
Espero que te haya dolido.
Ya no estoy para ti.
Solo estoy para mí.

Por Dragut
that she never would deceive me
but the devil take the women,
for they never can be easy.”
(Tradicional irlandesa)
En otoño también llueve…
Abril lo desperdicié atrapando tus miradas
con un cazamariposas roto.
En mayo renunciaste a tu máscara de acero
y yo renuncié a poder olvidarte nunca.
Lo bueno de amar en tierras extrañas
es que te obligas a escuchar las miradas,
a hablar con los ojos.
Lo malo de amar en tierras extrañas
es que a veces quieres quedarte para siempre.
Junio lo pasé deshaciendo tu cama
mientras tú deshacías mi pasado,
amándonos sobre la piel de musgo
a los pies de la sonriente Molly Malone.
Nuestros brindis eran cataclismos
capaces de detener el mundo;
supimos que Malraux y Huidobro
sólo habían escrito para nosotros.
Andando a dos metros del suelo,
hermosos y patéticos
fuimos recorriendo aquel verano.
En agosto (como cada agosto me dijiste)
los botes de humo nos hicieron bajar al suelo.
Hay muchas pelotas de goma, me voy a jugar a la calle
Volviste con la cabeza abierta
y descubrí en tus ojos la ira que mueve tu tierra.
Limpiándote la sangre me contaste
sobre viejas canciones y raídos retazos de tela coloreada
¿Cómo no pudiste entender
que el único himno que me importaba era tu risa
y la única bandera el rojo de tu pelo al viento?
Septiembre asomó amarilleando el viento,
sepultados los tréboles
bajo las doradas lágrimas de los olmos.
Sentí frío;
no era nostalgia de mi tierra, idiota: era nostalgia de ti.
En octubre, a traición, entre la lluvia,
se presentó mi vieja amiga Soledad.
Me susurró al oído “Eh, que en casa, en otoño, también llueve“
Asentí con la cabeza, la besé en los labios
y atravesé un lluvioso aeropuerto agarrándola por la cintura.
Había engordado un poco desde la última vez
Ahora, algunas veces, cada otoño
el viento me trae viejas canciones de lucha y olor a tierra mojada
y me pregunto cuántas cicatrices habrá en tu cabeza,
si te habrás ahorcado de algún arcoiris
al descubrir que tu guerra no es más que otra guerra más,
que tu enemigo estaba en tu espejo
y no en tu cama…
(I.M. de Marie O´Connell, luchadora digna de mejor causa)
Por: Baudel
Justo ahora estaba pensando en ti, no es cosa rara,
me pasa siempre.
Pienso en ti todo el tiempo…
Como cuando intento verte en cada
rostro que me parece hermoso…
En cada sonrisa de un niño…
En el misterio de la alegría de una madre
arrullando a su bebé…
Cuando lloro detrás de una puerta…
Cuando me siento ignorado y me duele…
Cuando me presento formalmente con las candilejas
de una calle solitaria una noche cualquiera…
Cuando escucho una canción que me gustaría
que en ese momento escucharas también…
Cuando paseo la mirada de un lado a otro… triste…
Cuando escucho los murmullos nocturnos
y secretos de una pareja en algún jardín…
Cuando extiendo mis manos
y no encuentro las tuyas…
Todo me hace pensar en ti…
Como la soledad de la noche de
un domingo que se va…
El silencio de unos ojos rojizos y húmedos…
La flor que nunca te puedo regalar y la dejo por ahí
donde nadie la vea…
La mirada que no me atrevo a entregarte…
La estatua inexpresiva que duerme solitaria
todas las oscuras noches del jardin…
En la melodía de unos hielos en mi vaso de whisky…
Tu aroma que reconozco apenas te tengo cerca…
Mis suspiros que son un río en tu dirección…

Por Rodrigo Solís.
Un honor informarle que usted perdió
1
Recién desembarcado de mi primer encuentro de escritores, asediado por una importante revista de circulación nacional que quería un texto de Campeche el cual no tenía idea de cómo redactar y en mitad de una posible beca que me otorgaría el gobernador de Campeche para escribir un libro que no pensaba escribir, manejaba como un demente por las calles para llegar a tiempo a mi cita con Martina, con la firme convicción de arrastrarme como un perro a sus pies en busca de perdón. Justo en ese punto, con la luz ámbar del semáforo delante de mí, llegó mi primer y único premio en un concurso literario en toda mi carrera, mismo que desafortunadamente no tenía idea de su existencia, o mejor dicho, ignoraba por completo que había participado en él.
-¿Bueno? –contesté el celular al tiempo que me pasaba de largo la luz roja del semáforo. No tenía intenciones de que se mantuviera invicta la reputación de que todos los escritores éramos unos impuntuales, además, en asuntos de faldas es poco inteligente hacer esperar a una ex novia que dice le urge hablar cara a cara contigo.
-¿El maestro Rodrigo? -preguntó una voz que en mi vida había escuchado.
-Sí, él habla -respondí mientras un camión me rebasó por la derecha.
-Maestro, muchas felicidades… -fue lo único que alcancé a escuchar gracias al pitorrotazo del camión que me dejó parcialmente sordo del oído derecho.
-Un momento por favor -dije mientras buscaba dónde estacionarme, resignado a llegar tarde una vez más a mi destino por culpa de mi curiosidad y/o de alguna compañía de teléfonos celulares que me felicitaba por seguir siendo fiel y buen cliente.
-¿Quién habla? -pregunté con el automóvil aparcado a un costado de la banqueta.
La respuesta me dejó francamente pasmado. Era el rector de la Universidad Autónoma de Yucatán, que me hablaba emocionado y honrado de felicitarme por el magnifico cuento que había escrito.
-¿Qué cuento? –dije sin salir de mi pasmo.
-Maestro, no sea modesto –dijo el rector con una risita un tanto incrédula-, pues qué cuento va a ser, el que mandó a nuestros sextos Juegos Literarios Nacionales Universitarios en la modalidad de cuento.
Fue inútil, por más que intenté explicar que se trataba de un error, que yo nunca había enviado ni un cuento a ni un concurso universitario, el rector siguió felicitándome por mi originalidad.
-¿Y a cuanto asciende la cantidad de mi premio? –pregunté de sopetón al darme cuenta de que no haría entrar en razón a mi excitado interlocutor.
-Bueno, ejem, en realidad, maestro –dijo el rector un poco incómodo por mi pregunta-, su cuento es tan original que decidimos darle algo más valioso que los veinte mil pesos del primer lugar…
-¿En verdad? –dije interrumpiendo al rector. Me vi en una patética escena revolcándome en el piso de mi cuarto con mil billetes de veinte pesos.
-Sí, maestro –prosiguió el rector retomando el júbilo-. Por unanimidad el jurado decidió hacerle justicia dándole la mención honorífica, esto significa que en vez de darle un absurdo cheque preferimos que su cuento aparezca publicado en los principales periódicos de la península de Yucatán, de hecho, hoy salió publicado, pensé que usted ya había leído su cuento allí en Campeche. –Quedé mudo, y el rector agregó luego de unos segundos de silencio-: Entiendo que esté mudo de la emoción. Ah, y en breve le haremos llegar una nutrida antología de los principales escritores yucatecos.
2
El portón eléctrico de la lujosa privada donde vive Martina se abrió. Mis manos húmedas resbalaban sobre el volante. Ella estaba cruzada de brazos esperando de pie junto a una banca del parque que está justo enfrente de su mansión. A juzgar por su postura, por mucho estaba equivocado en mis suposiciones de un acaramelado reencuentro que me revitalizara de la terrible noticia de la mención honorífica. Sus ojos verdes parecían los de una cobra que mide la distancia que la separa de su hipnotizada victima. Bajé de mi volcho. Me acerqué a ella y antes de poder darle un beso en la mejilla recibí un periodicazo en la nariz.
3
Salvo los esbirros del gobierno, es decir, alimañas rastreras de dedos entintados (en la mayoría de los casos directores editoriales de todos los periódicos campechanos) que viven de leer y censurar a periodistas y/o columnistas que no alaben al partido en el poder, probablemente ningún civil leyó mi cuento publicado en el periódico. O sea que, como es costumbre, sólo se escandalizaron los políticos. O mejor dicho, sólo uno. El directamente involucrado.
4
Hubo tiempos mejores con Martina. También con los funcionarios del gobierno. Esta época fue cuando era yo una sombra o un ser invisible tanto para Martina como para los funcionarios públicos.
Juan Camilo era el hijo del senador más importante de Campeche y además de ser un verdadero donjuán, era mi amigo. Nuestras mamás estudiaron juntas en la escuela de monjas Miguel Hidalgo. En su juventud Juan fue novio prácticamente de todas las adolescentes más hermosas de Campeche. Luego crecimos y se convirtió en el novio de las mujeres más exuberantes. Su afición y apetito por las féminas era insaciable. Jamás pasaba más de una semana formalmente soltero, de igual manera tampoco podía evitar poseer una envidiable cantidad de amantes, que por lo general eran las mejores amigas de su novia oficial en turno. Allí era en donde entraba yo en escena. Para poder tener satisfechas de alma a tantas mujeres había que alimentarlas con cursilerías baratas.
-Le gusta Ricardo Arjona, es muy sensible, tierna, aunque también se pone un poco loca cuando escucha a Luis Miguel –me decía Juan Camilo.
Eran tiempos anteriores a la existencia del Facebook. Donde todo era más complicado en materia de conocer la vida y obra de las mujeres. Así que Juan Camilo se encargaba de relatarme las biografías (algo pardas para mi gusto) de todas sus conquistas.
-Dile que la quiero mucho, que me encantan sus ojos verdes, la forma en que me mira, que sin ella me moriría –decía mordiéndose el labio-, pero sin sonar cursi, ya sabes, y tampoco muy intelectual, sin palabras rebuscadas del diccionario, se daría cuenta que no escribí yo la carta.
Así fue como conocí a Martina. Oculto. Anónimo. Detrás de mi monitor. Escribiéndole decenas de cartas a nombre del novio de su mejor amiga. No vale la pena detallar sus aficiones y fobias, que redactaba en interminables mails que a su vez Juan Camilo me reenviaba para darles una pronta, azucarada e igualmente interminable respuesta. Se podría decir que fui el escriba y poeta de uno de los cachorros más influyentes del poder hasta que éste se fue un año a estudiar a Europa, cortesía del erario público. Y fue justo en ese año, en la disco Chupis, cuando conocí en carne y hueso a cierta mujer de ojos verdes que fue para mí como un libro abierto.
-Oye, pareciera que nos conocemos de toda la vida –me dijo emocionada, moviendo las caderas al ritmo de una canción de Shakira.
5
A diferencia de lo que se pudiera creer, no fue tan sencillo conquistarla. En esencia porque todos sus gustos y aficiones me parecían francamente despreciables.
-Anda, vamos, muero por ver esa peli –me decía con sus ojazos verdes suplicantes mientras me corría un escalofrío en la columna vertebral al ver la cartelera del cine.
Durante el lapso que duró nuestro noviazgo no pude avanzar una sola página de mi novela. Mis neuronas parecían estar fundidas cada que regresaba a mi cuarto y me sentaba frente al monitor de la computadora luego de ir al cine o visitar la mansión de Martina, donde veíamos maratónicas jornadas de comedias protagonizadas por Adam Sandler, Ashton Kutcher, Martin Lawrence, Cameron Díaz, Matthew McConaughey, Sarah Jessica Parker y demás gentes funestas que merecen sin lugar a dudas la pena de muerte.
También estaba el detalle de su papá. Me odiaba, como era de esperarse. Un picha loca con decenas de bastardos regados por diferentes ciudades y municipios, que se daba los más altos aires en materia de valores morales y familiares.
-¿Escritor? –le dijo a Martina-, esos son los peores, vagos sin oficio ni beneficio que viven para medrar, corromper y chantajear a los funcionarios decentes. Te prohíbo terminantemente ver a ese mequetrefe.
Por fortuna, Martina, alma rebelde y algo pasada de años para que le dieran órdenes, desobedeció a su papá por el simple hecho de que éste nunca estaba en casa ya que pasaba seis de siete días a la semana en la capital del país gracias a su eterna diputación federal. O eso es lo que decía el señor diputado, que contradecía por completo la lista de asistencia de la Cámara donde junto con otros diputados campechanos brillaban por su ausencia en cada una de las sesiones.
6
Aquella tarde del reencuentro, con la nariz adolorida y manchada de tizna negra, Martina no era más aquel libro abierto que me sabía de memoria. Al parecer nunca me perdonaría haberle confesado aquel único encuentro que tuve cara a cara con su papá. Y menos, encontrarlo impreso y firmado con mi nombre en la sección de espectáculos y cultura.
-Dime que es mentira –gritó.
-Sí, es mentira –mentí.
-Eres un mentiroso de mierda –volvió a gritar.
Allí, rodeado de los más estrafalarios caprichos de la clase alta política en materia de jardinería y parques, con mi maltrecha estampa afeando el verde paisaje, supe que escribir una historia en primera, segunda o tercera persona acarreaba exactamente los mismos problemas cuando los protagonistas involucrados se descubrían así mismos en una historia, sin importar ciertas licencias del autor.
7
Sábado en la noche. Oprimes el vientre. Ganas escasos centímetros en la fila. Compruebas en la lista de precios pegada en la ventanilla de acrílico de la taquilla que ha llegado el punto en el que ir al cine en cualquier noche que no sea un miércoles de dos por uno es tan costoso y desagradable como pagar la cuenta en un restaurante que no sea el puesto de tacos de perro de la esquina.
Vivir en una apacible y pequeña ciudad como es la ciudad y puerto de Campeche en definitiva tiene sus ventajas, pero también incontables inconvenientes: el cine, por citar un ejemplo.
Si hablamos de cines comerciales, sólo hay uno. Tiene seis salas, pero el problema radica en que basta ampararse en el sentido común para notar con angustia que las butacas no darán abasto a la inmensa fila de gente que se aglutina en la taquilla, en la búsqueda de un boleto para la película que con seguridad ha elegido ver esta noche la burguesa de tu novia.
El siguiente paso es poner en marcha el plan B: mirar el cartel luminoso plagado de faltas de ortografía, donde si tienes un poco de suerte, evitarás toparte con Rambo 28, Virgen a los 40 Recargado o Gigoló en Marte. No hay suerte. Hoy definitivamente no será tu noche de suerte. Creer que no te toparás con al menos un par de secuelas y un refrito es como creer que los candidatos a la presidencia municipal no pegarán a la hora de sus campañas carteles con sus horrendos rostros en cada uno de los espectaculares y postes de luz existentes en la ciudad.
Tras abrirte paso en una odisea de media hora entre empellones, codazos y pisotones, finalmente llegas a la taquilla. El dependiente saquea tus bolsillos y te hace formal entrega de un par de boletos. A tu novia, que ni reclusa en un campo de concentración nazi se formaría en una fila, le regalas una risa nerviosa al aproximarte a la pared donde se encuentra aparragada, y de inmediato te convierte en el protagonista de menudo escándalo al enterarse que has comprado boletos para la única función que quedaba disponible, pues los boletos para la película que ella moría por ver se agotaron en un suspiro. Su mirada virulenta y cargada de reproches te deja como el único culpable de haber tenido que aguardar cuarenta y cinco minutos en la sala de su casa, flanqueado de interminables silencios y escrutadoras miradas por parte de tus suegros, mientras “alguien”, absorta frente al espejo, se pistoleaba la cabellera y cambiaba quinientas veces de ropa como si la salida de esta noche fuese para ir a visitar a la Reina Isabel II en el Palacio de Buckingham.
Tu amorosa novia, para apaciguar los malos humores, decide que es una buena idea romper con la dieta, así que se hace de palomitas, nachos y un refresco “light” (extra grande). A pesar de que es millonaria y profesa feminista, no muestra señales de sacar la cartera de su bolso para pagar el pequeño aperitivo, así que la cuenta corre por tu cuenta una vez más.
En bancarrota y estoico, antes de ingresar a la sala, soportas eternos veinte minutos de una nueva fila y nuevos reproches por no conseguir las entradas para ver Soltero en Casa, gracias a un enorme cartel donde aparece Sarah Jessica Parker (risa histérica y nalgas computarizadas, imposible tenerlas tan redondas para una mujer de cuarenta años) que empuja a un Matthew McConaughey vestido con elegante traje sastre color arena que parece regalarte (sólo a ti, hombre también soltero) una mueca despreocupada, aderezada con el levantamiento pícaro de la ceja izquierda en una clara seña de: “ey, mírame, vivo con mis padres y no me importa, ¡Hurra! ¡Qué ganador soy, aún así me ligo a cuarentonas ardientes!”.
El calvario ha llegado a su fin, supones, cuando encuentras dos butacas libres en la segunda fila. Sin embargo, grave error es andar suponiendo cosas. Con ojos achicharrados, ves proyectado en la pantalla el corto de Soltero en casa que aviva los berrinches de tu novia. El corto de la película resultó ser tal como lo imaginaste minutos atrás gracias a los genios traductores: la historia trata de un tipo de más de treinta años que, por increíble que parezca, sigue viviendo en casa de sus padres. Payasos de Hollywood, piensas con profundo rencor cruzándote de brazos, se creen muy listos por seducir a la gente para que hagan interminables filas, y, además de eso, te granjean el odio de tu novia sólo porque tuvieron la brillante idea de presentar una comedia que es la triste realidad de la mayoría de los solteros campechanos, exceptuando el cuerpo del señor McConaughey, claro está, porque en Campeche todos los solteros de más de treinta son unos panzones de escasa cabellera adictos a los mimos y manutención de mamá.
Las luces de la sala del cine se encienden. Dos horas que se te han ido como agua (no así para tu acompañante), han dado paso al develamiento de un montón de rostros masculinos nerviosos. Tu novia, en el punto más álgido de su indignación, te recuerda que su papá le había prohibido ver tan horrible e inmoral película. Tus planes de llevártela como cada sábado por la noche al motel Kalá se esfuman ante tus ojos. La noche aún es joven, pero ella te ha pedido que la lleves a casa. No está de humor para soportarte, dice, y tan no lo está, que decide dejar de soportarte un día más de su vida: te manda al diablo; quién hubiera pronosticado que Secreto en la Montaña sería el detonante de la ruptura de tu noviazgo.
Desconsolado, buscas desquitarte con alguien, y el único culpable que encuentras en tu cerebro son los idotas traductores de las películas. ¿Quiénes son ellos?, te preguntas. ¿Quiénes formarán ese comité maligno? ¿Quién podía imaginar que Brokeback Mountain, la película de dos vaqueros homosexuales que semanas atrás habías visto gracias a la tecnología del Internet, era la misma que Secreto en la Montaña? Decidido a avivar las llamas de tu ira, recuerdas la traducción de The Lawnmower Man, un bodrio de principio de los noventas que archivas en tu memoria sólo porque los tarados del comité de traducción decidieron que era una magnifica idea llamarla El Jardinero: Asesino Inocente, en vez de la simple traducción literal: El Hombre de la Podadora. Anhelas algún día toparte con esos tarados y decirles todo lo que piensas de ellos; mejor aún, preguntarles por qué rayos decidieron que Jerry Maguire se llamara Amor y Desafío en vez de Gerardo Marcos, por ejemplo. Estás tan molesto y te hierve tanto la sangre que incluso imaginas ser parte del comité de traducción: eres tan brillante que eres el encargado de traducir Sixth Sense como El Psicólogo Fantasma.
Decides dar una vuelta por las afueras de la ciudad para olvidar que eres nuevamente un soltero que pronto llegará a casa para engrosar la lista de panzones pelones de Campeche. Para tu desgracia, tu mente ha estado tan ocupada creando nuevas y ridículas traducciones para que algún día te den trabajo en el comité de traductores, que sin darte cuenta, con horror, descubres que estás completamente perdido. Perdidos en Campeche, piensas en un infructuoso intento por ahuyentar el miedo que empieza a erizarte la piel.
Llevas veinte minutos dando vueltas sin lograr orientarte. Doblas una vez más a la derecha y, de nuevo, otra calle cerrada. Sin embargo, aguzas la mirada y visualizas una moderna camioneta del año aparcada al final de la calle. Desde pequeño te han enseñado a no hablar con desconocidos, pero necesitas con urgencia salir de tan inhóspita colonia antes de que te descuarticen los Mara Salvatrucha. A bordo de la camioneta, con seguridad, gente decente te dirá cómo llegar a la civilización. Apagas el automóvil. Caminas unos cuantos pasos hasta llegar a la ventanilla polarizada de la camioneta. Tragas saliva y te decides a darle unos ligeros golpecitos con los dedos como quien toca a la puerta de una casa en horas inapropiadas. La ventanilla se desliza suavemente y descubres que has interrumpido el fragoroso faje de una pareja. Te disculpas por la impertinencia cometida y decides emprender la graciosa huida. El sentimiento de saberte un tonto por no imaginarte que cortarías el romance de otro importantísimo señor de sociedad en pleno desfogue con una de sus secretarias te embarga súbitamente. Intentas huir para no importunar más al par de enamorados, pero es demasiado tarde. La ventanilla eléctrica ha descendido en su totalidad. El daño está hecho. Avergonzado, balbuceas la pregunta de que si podrían decirte cómo encontrar la salida hacia el malecón. Un silencio denso impregna el ambiente. Te deja de importar cómo encontrar el camino a casa y lo único que te interesa es alejarte lo antes posible de la camioneta. Retrocedes discretamente. Mientras te alejas, escuchas murmullos dentro del vehículo. Te sorprendes al descubrir que el copiloto no es una apetecible secretaria como suponías, sino un hombre, y eso lo sabes por las agudas voces que se escuchan en la penumbra del interior de la camioneta. El miedo se apodera de ti y arrancas a correr a toda velocidad en dirección a tu coche, aparcado a unos cuantos metros. Las manos te tiemblan, experimentas en carne propia que las rubias tetonas de las películas de Viernes 13 no eran tan tontas después de todo. Los faros de la camioneta se encienden. Desde el final de la calle, adviertes que unas potentes luces se aproximan peligrosamente hacia ti. El ruidoso motor del armatoste parece salido del mismísimo infierno. Es tarde, no te va a dar tiempo de abrir la puerta: eres otra tetona oxigenada que morirá. Ves pasar toda tu vida ante tus ojos en fracciones de segundo, así como te lo ponen en las películas. Sin tiempo para nada más, tu instinto de supervivencia te obliga a dar un descomunal salto sobre el capirote de tu volcho, eludiendo la inmensa camioneta que sólo logra rayar la pintura de la portezuela de tu coche. Nunca imaginaste que todos los cómics del Asombroso Hombre Araña leídos en tu infancia te salvarían el pellejo, al menos por el momento, porque descubres que estás tendido sobre la banqueta, indefenso, justo del lado opuesto de la portezuela desde donde, para tu sorpresa, diste el salto de tu vida. Aturdido, esperas que la camioneta regrese por el trabajo que no pudo finiquitar. Te imaginas brutalmente asesinado, pensamiento que se disipa a los pocos segundos al ver cómo la camioneta da vuelta en una esquina para no volver más. Has vivido para contarlo.
A la mañana siguiente te despierta una llamada telefónica. Es tu novia (en realidad, ex novia). Dice que es una tonta y que quiere regresar contigo, e incluso se disculpa en medio de un mar de llanto. Te ha invitado a disfrutar de otro horrendo e interminable domingo familiar en su casa.
Accedes a su invitación. Limas asperezas con ella y cierta tranquilidad recorre tu organismo: adiós a la terrorífica idea de ser otro Soltero en Casa. Le has comprado un ramo de flores porque eres un perfecto imbécil. Pulsas el timbre de su casa, respiras hondo y piensas que la vida no es tan mala después de todo, incluso has olvidado que la noche anterior pudiste haber muerto a manos de una pareja de locos. Nada como el consuelo de tu amada novia. Todo será mejor de ahora en adelante, piensas ingenuamente, hasta que descubres que la ostentosa camioneta de tu suegro tiene una ralladura en la portezuela del lado del copiloto. Reparas en que el rayón es del mismo color que la pintura de tu automóvil. La respiración se te escapa. Das dos tambaleantes pasos hacia atrás. La puerta de la casa se abre abruptamente en tus narices. Eres hombre muerto. La sonrisa de tu novia aparece delante tuyo, se abalanza sobre ti en un efusivo y nunca antes visto abrazo. Asegura estar enamorada de ti. Te sujeta de la mano y te lleva al comedor de la casa donde se encuentra toda la familia reunida. Te sabes hombre bajo diez metros de tierra al ver a tu suegro sentado a la cabecera de la larga mesa, clavando sus negros ojos en tu cada vez más temblorosa humanidad.
Todos en la casa están de buen humor. Te niegas a comer argumentando que ya has comido. Te obligan a comer a base de mimos, mimos nunca antes vistos por parte de tu suegro. Moriré envenenado, es lo único que te cruza por la mente al probar el chilpachole que te ha servido tu suegra. Masticas un millón de veces el camarón que te has metido a la boca antes de engullirlo en espera de un milagro que bien sabes no llegará.
El timbre de la casa suena, no puedes creerlo. Esperas el momento justo para escupir el bolo de comida sin que nadie se percate. Suegra y novia no apartan los ojos de ti; malditas cómplices desgraciadas, sobre su conciencia rondará tu muerte. Estalla una algarabía en la mesa al ver la llegada del nuevo invitado. De la sorpresa te has tragado el camarón. Es él. El bastardo al que le preguntaste la noche anterior cómo salir del agreste fraccionamiento donde estabas perdido. Sin embargo, el recién llegado te estrecha la mano como si fueras un camarada de toda la vida, el maldito cabrón. Tu suegro te revela que el misterioso hombre es un viejo amigo de la juventud y compañero de pesca.
De inmediato te asalta el recuerdo de que pronto morirás envenenado, pero ocurre todo lo contrario. Antes de llegar al postre, gracias a los incontables elogios por parte de tu suegro, el desconocido te ofrece un nuevo trabajo: un tremendo puesto en el gobierno. Tu asesino resultó ser uno de los peces gordos de la política. Antes de marcharte de casa de tu novia, tu suegro, con un patético guiño de ojo, te dice que ahora podrás invitar las veces que quieras a su hija al cine.
A bordo de tu modesto y rayado volcho, recorres a vuelta de rueda el desierto malecón. La vida no es tan mala después de todo, piensas, mientras ves morir la tarde del domingo tras las aguas del Golfo y descubres el error en el que estuviste todos estos años: Hollywood sí que sabe apegarse a la realidad.
8
Derrotado, humillado, una piltrafa humana fue lo que se depositó en la hamaca de mi cuarto. Cerrar los ojos significaba ver los ojos verdes de Martina, extasiados, grandes, llenos de luz, que en una fracción de segundo habían cambiado del odio más profundo al éxtasis más sublime cuando a mis espaldas vio aparecer a un hombre que estacionaba su Hummer.
-¡Juan Camilo, regresaste! –gritó emocionada para hacerme a un lado, lanzarse a sus brazos y darle el más húmedo de los besos.
Abrí los ojos. Recordé el artista torturado que era y decidí abalanzarme hacia mi computadora para dejarlo libre.
En la pantalla del monitor, pegado, un post-it fosforescente decía lo siguiente:
Felicidades, Mención Honorífica, te dije que era el mejor representante literario. Pedro.
FIN DE LA PRIMERA PARTE
Fragmento de la novela Valentina
Por dAVo
Si fuese sensato y con un mínimo de cordura, me quedaría contigo.
No seguiría buscando excusas para seguir como hasta ahora.
Pero no lo soy ni tengo intenciones de ello.

Por dAVo
Tan fácil como llegar a tu mansión, abrir la puerta con la llave electrónica que me diste en el ultimo encuentro, segura de que soy de fiar.
Entrar cautelosamente, pasar el living entre los muebles franceses, camino tres pasos a la izquierda y me encuentro en la cocina, esa que nunca frecuentas y en la cual te preparan todos tus antojos.
Asalto la nevera de ultima generacion y extraigo lo primero que encuentro comestible.
Me deslizo al frente tratando de no despertar a la broma de perro que es tu mascota y abro la puerta de cristal, esa que da al patio trasero donde tienes la alberca
Retrocedo otra vez a la nevera y extraigo la botella de vino.
Tomo dos copas y me dirijo hacia el agua.
Dejo la botella en una mesita blanca de estructura colonial, que se encuentra a un lado del jacuzzi, enciendo las luces y automaticamente una cancion romantica esta acompañando a las burbujas tibias mientras me despojo de las ropas y me sumerjo en esa paz absoluta.
Al salir a tomar aire, te veo en los peldaños de la escalera, vestida solamente con el collar que te di en tu cumpleaños, y dos copas repletas de vino, deseas brindar por el amor y la esperanza. Te mojas poco a poco.
Brindo contigo.
Momento efímero de felicidad

Jacques Prevert
Ha echado café
en la taza
ha echado leche
en la taza de café
ha echado azúcar
en el café con leche
con la cucharilla
lo ha removido
y se ha bebido el café con leche
y ha dejado la taza
sin hablarme
ha encendido
un cigarillo
ha hecho aros
con el humo
ha dejado caer la ceniza
en el cenicero
sin hablarme
sin mirarme
se ha levantado
se ha puesto
el sombrero
se ha puesto
el impermeable
porque llovía
y se ha marchado
bajo la lluvia
sin una palabra
sin mirarme
entonces me he cubierto
la cara con las manos
y he llorado



Los Grilleros