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Pensé que hoy todo sería hermosura, pero no, fue uno de los peores días de mi vida.
Como todos, al vivir en la Ciudad de México sabemos que debemos estar alerta y dudar de todos. Por alguna razón, hoy bajé la guardia.
Mientras caminaba por av. Revolución se me acercó un señor para pedirme ayuda porque tenía una dirección, que andaba perdido. Generalmente me sigo de largo, de hecho le dije que no sabía qué calle me preguntaba. En ese momento comenzó a decirme que venía de un pueblo, que estaba perdido y lo habían maltratado, en fin. Desde ese momento debí dudar, debí seguir, pero no lo hice, no sé, mis cinco minutos de bondad.
En ese momento se acercó otro señor que decía que lo iba a ayudar, pero el señor del pueblo me decía que no quería ir con alguien más, que tenía miedo, en fin. Me enredó, me conmovió. Entre tanto parloteo, el otro señor comenzó a presentarse como alguien de buena voluntad,trabajador de Walmart , que lo podía ayudar, pero que él señor del pueblo sólo confiaba en mi.
En fin, que en cierto momento me quedé con los dos al lado, sobre la calle de Holbein. Ya no podía moverme a ningún lado. El señor del pueblo decía que casi lloraba del miedo que tenía de la ciudad, me agarraba del brazo, no me soltaba, y el otro me cerraba el paso. Me tenían acorralada, y no veía manera de salirme de ahí.
Traté de mantener la calma. Mientras el señor del walmart juraba por sus hijos que lo quería ayudar, pero que yo tenía que acompañarlos a la central, que nos llevaba en un taxi de sitio. En cuanto me negué, dejaron de fingir, querían dinero. Ahí fue cuando lancé el Hazme…
Los convencí de no ir en taxi al banco. Tomamos un microbús hacia M. Chapultepec. Eso sí, los dos me dejaron en medio. No sé si tenían armas, o no, posiblemente, ya no se sabe.
Bajamos en el banco, se quedaron con mis cosas, incluso uno de ellos me acompañó casi hasta la ventanilla. Sé que ahí pude pedir ayuda a la cajera, decirle algo, negarme a sacar el efectivo, gritar ahí en el banco.
Entre más lo pienso, sé que muchas cosas, muchas pudieron ser diferentes, y me siento terriblemente mal. Pero en ese momento tenía miedo.
Me siento tan mal, tan impotente, con miedo. Es una zona que frecuento, pasó por ahí seguido, tengo miedo de volverlos a ver.
Definitivamente sé que pudo ser peor, y eso es lo que más me encabrona, que ahora tengamos que agradecer por que los señores ladrones solamente nos quitaron dinero, y que salir ileso de algo así es una fortuna. También me encabrona saber que de poco servirá denunciar, que es más, una denuncia podría ponerme en riesgo de nueva cuenta. Lo único que me queda es compartir mi experiencia no tanto para evitar que alguien más caiga, sino para desahogarme, para escupir un poco de esta impotencia que tengo. Me dejé engañar, me apendejé y puse en riesgo mi vida.
Sólo les puedo comentar, que uno de esos tipos me dejó un número de celular, no pienso llamar, estoy segura de que el teléfono era robado. Si de algo sirve, les dejo la descripción.
El que dijo venir de un pueblo es moreno, cara redonda, con ojos cafés, con sendas bolsas como si fuera un perro baset hunt, cachetes igual de caídos,labios gruesos, como de 1. 60m . Como de 50 años
El otro es más alto, moreno, frente ancha, delgado, boca grande, labios delgados.Éste tipo habla mucho, repite el mismo discurso de que es un hombre noble que sólo quiere ayudar. Tiene como treinta tal vez veintitantos.

El anillo Swarovski
“Yo no quiero catorce de febrero ni cumpleaños feliz.”
- Joaquín Sabina
-Odio que me miren con esos ojos –dice mi chica al entrar al coche.
-¿Qué ojos? –pregunto.
-Ojos de que mi bolsa es pirata –mi chica pone los ojos en blanco y cruza los brazos.
-Pero si tu bolsa no es pirata –digo-. A tu mamá le costó una fortuna.
-¿Crees que la pendeja que me vio en la farmacia va a creer que una mujer que se sube a un volcho va a tener dinero para comprar una Louis Vuitton original?
No me animo a responder. Vivimos en el tercer mundo. El mundo de las apariencias. Donde las personas conducen Mercedes Benz y duermen bajo techos de láminas con goteras.
-Ven aquí Taquito –acaricio al perro de mi chica en un intento desesperado por cambiar el rumbo de la conversación. Taquito saca la cabeza por la ventanilla del volcho. El viento le revuelve la melena. Saca la lengua, sus ojitos como un par de botones negros resplandecen en la noche. Es feliz, pienso, los perros no discriminan, les da igual ir abordo de un volcho o de un Mercedes, ellos se conforman solo con salir a pasear y sacar la cabeza por la ventanilla para sentir el aire contra su cara peluda.
-¡Cállate Taco! –explota mi chica cuando Taquito empieza a ladrarle a una señora con reboso que vende flores en la esquina con semáforo. Taquito no cesa en sus ladridos hasta que su ama lo retira de mis piernas y lo arrulla como si fuera un bebé-. ¿Quién es mi bebé hermoso?
Le cambia el semblante a mi chica. Al parecer ha olvidado el desencuentro con la mujer de la farmacia que creyó que era una compradora de bolsas piratas. Unos metros más adelante, en un poste de luz, un cartel anuncia una recompensa a quien encuentre a Zuly, un perro yorkie, muy parecido al perro que arrulla mi chica.
-No puedo creer que ofrezcan esa cantidad de dinero por un perro –digo incrédulo.
-¿Sabes cuánto costó Taquito? –pregunta mi chica, el ceño fruncido.
Prefiero tampoco responder a esa pregunta. Piso el pedal del clutch. Meto primera. Acelero.
-Más que el volcho –dice mi chica-. De hecho, Taquito vale más que dos volchos.
Permanezco en silencio. El capitalismo me hace sentir avergonzado. Humillado. Algo debe andar mal en el mundo: los ojos de los transeúntes, de los comerciantes, de los meseros, de los amigos, de los conocidos, de los familiares muestran en sus pupilas ese error. Esa fisura. Ese imposible. El sinsentido. ¿Cómo un escritor impresentable, que se está quedando calvo, puede ser el dueño de las noches de una chica de grandes ligas, musa de estrellas de rock, delirio de luminarias hollywoodenses, perdición de diseñadores afincados en la Gran Manzana? ¿Qué carajo hace una mujer de ese nivel montada en un volcho destartalado? ¿Acaso el pobre diablo de su amante esconde una anaconda en sus pantalones? No hay otra explicación, si no, no cojearía de ese modo al caminar.
-Ya te compré tu regalo de San Valentín –dice mi chica; dibuja una sonrisa.
-No te hubieras molestado –digo-, San Valentín es un invento de los comerciantes para que gastemos dinero.
-Oye, te dije que ya te compré tu regalo –mi chica borra su sonrisa-. Me importa una miarda quién haya inventado San Valentín y con qué motivos, es lindo que tú y yo intercambiemos regalos.
-¿Y qué me compraste?
-Un perfume. Y una crema aftershave. Y una crema para después de bañarse. Y…
-No te hubieras molestado.
-Pues sí me molesto, es el colmo que uses perfume Fraiche.
-¿Qué tiene de malo usar perfume Fraiche?
-Hueles a piratería.
Con disimulo tuerzo el cuello y me huelo por encima del hombro. No huelo nada. Huelo a la nada. La fragancia del don nadie.
-¿Sabías que Lady Gaga sacó un perfume? –pregunta mi chica.
-No.
-¿Sabes a que huele?
-No.
-A sangre y semen.
-Qué asco.
-Pues eso quiero que me regales de día de San Valentín.
Quedo estupefacto. Perplejo. Mudo. Puedo escuchar los trompetazos de los Jinetes del Apocalipsis reventando contra el coche.
-Avanza, está en verde el semáforo.
Con dificultad piso el pedal del clutch. Una lluvia de cláxones suena a mis espaldas. Meto primera. Más cláxones. Acelero.
-¿Eso quieres de regalo? –pregunto.
-Claro que no, bobo.
Un alivio invade mi cuerpo. Recuerdo por qué soy tan feliz de tener a mi chica. Más allá del pensamiento superficial de tener a una mujer que bien pudo escapar de un calendario de taller mecánico, ella es sencilla, desinteresada. Nunca me ha exigido nada más que hacerla reír. Escribir cada semana su biografía. La vida novelesca que la persigue desde el día de su nacimiento. Retratar a manera de venganza a los personajes chiflados de su familia que tanto la agobian, y que a diario tiene que reprimir el impulso de bañarlos en gasolina y prenderles fuego.
-Quiero un anillo –dice mi chica.
-¿Cómo?
-Un anillo.
-Pensé que odiabas el catorce de febrero.
-Ya no.
-¿Y eso?
-Quiero un anillo.
-¿Por qué un anillo?
-Quiero un anillo Swarovski.
-¿Qué eso?
-Es un anillo de cristal, no te estoy pidiendo un diamante.
-Y aunque me lo pidieras, dudo poder…
-¿Me vas a regalar el anillo?
-Sabes lo que pienso de los anillos.
-Sé perfectamente lo que piensas de los anillos –mi chica me clava una mirada asesina y Taquito escapa al asiento trasero.
-Es la peor idiotez gastar dinero en anillos, creo que…
-Dije que sé perfectamente lo que piensas de los anillos.
-¿Entonces?
-Que quiero un anillo.
-¿Un anillo Saromy?
-Swarovski, no seas indio.
-¿Y para qué lo quieres?
-Para metérmelo en el culo, para qué más va a ser.
-Ja-ja. Te conozco, nunca me pides nada, hay un motivo oculto por el cual quieres un anillo, y quiero saber cuál es.
-Ese es el motivo, que nunca te pido nada. Quiero que me regales algo.
-No creo poder…
-Vale mil ochocientos pesos.
-¿¡Mil ochocientos!?
-Oye, a la puta prometida de tu primo le regalaron un anillo de treinta mil pesos.
-Pero yo no soy constructor. Soy escritor.
-Pues termina de construir tu novela a ver si me regalas un anillo.
-¿Es eso? ¿Se trata de una competencia? ¿A ver quién tiene el anillo más caro?
-No, no se trata de una competencia. Solo te estoy pidiendo un puto anillo de cristal. Un puto anillo de miarda, no un diamante. Un anillo de cristal para que mis putos tíos millonarios cuando me vean digan que soy una mujer digna de recibir anillos, que soy una puta mujer valiosa, por la que vale la pena hacer sacrificios y regalarle cosas.
La voz de mi chica se quiebra. Se le empañan los ojos. Taquito regresa al asiento de mi chica y se acuesta sobre sus piernas. Sus ojitos negros como botones me miran con desprecio, discriminatorios, acusativos por hacer sufrir a su ama que tanto ama. Piso el pedal del clutch. Meto cuarta. Acelero. El motor cascabelea. Parece que reventará en cualquier momento por falta de mantenimiento. Avanzo sobre toda la avenida hasta llegar a casa de mi chica. El reflejo de mis ojos en el cristal panorámico del coche me devuelve una mirada acusadora, desdeñosa, igualita a la mirada de toda esa gente que me observa en la calle cuando me ve de la mano de mi chica.
-¿Al menos puedes decirme algo lindo? –suplica mi chica al bajarse del volcho.
-Te quiero mucho –atino a decir. Es lo único que me viene a la mente. Soy un idiota.
Mi chica da media vuelta con los ojos arrasados en lágrimas. Es un valle de tristeza el porche de su casa. Abre la puerta de su casa. Veo su figura de espaldas desaparecer. No hubo beso volado de despedida. La puerta se cierra. Me lo merezco. Piso el pedal del clutch. ¿Por qué soy así? Meto primera. Increíble que no pueda decirle nada cursi, romántico, lindo. Acelero. ¿Por qué no puedo confesar lo que realmente siento por ella? Gritar a los cuatro vientos que es la mujer que más he amado en mi vida. Mi estación y mi tren. Mi trapecio y mi red. Que si ella se quemara provocando un incendio en su casa y quedara una masa amorfa de piel chamuscada y derretida aún así permanecería a su lado, besándola, amándola, cuidándola. Porque me importa una mierda si un día sus tetas de campeonato se le chorrean como calcetines hasta las rodillas, o si su abdomen queda flácido como gelatina o su cuerpo de conejita de Playboy se convierte en el de una gallina.
No me importa. A mí lo que me vuelve loco es escuchar su risa de alarma de coche. Pi-pi-pi-pi-pi. Risa imposible. De sit-com. De la Nana Fine. Fumarme todos sus pedos de cloaca. Esos que se revienta en lugares públicos minando restaurantes, iglesias, cines, etcétera, y que nadie sospecharía fueron obra de una mujer hermosa, porque en este mundo consumista y de apariencias se tiene la falsa creencia de las chicas lindas se tiran pedos con olor a rosas. Yo lo que quiero es envejecer a su lado, aunque me pudra los pulmones con sus bombas lacrimógenas. Que me mate un pedo asesino. De un paro respiratorio. Ya no le temo a la vejez, a convertirme en un anciano horrible que se caga en sus pantalones, pues gustoso seré una desagradable carga para los demás con tal de tomar un día más las manos también arrugadas de mi chica. De igual forma moriría feliz en un avionazo, reventar en el aire como mi chica quiere, con la azafata corriendo como loca por el pasillo alfombrado y pidiendo a los gritos que nos abrochemos los cinturones de seguridad mientras las máscaras de oxígeno se precipitan sobre los asientos, como marionetas muertas sobre nuestras cabezas, tal cual lo muestran en las películas; morir juntos, pues mi chica (no puedo creer lo loca que está) dice no poder soportar un día de su vida sin mí. Y yo la verdad, tampoco.

Por: Lydia Cacho
El pequeño de ocho años estaba sentado frente a mi, pellizcando las puntas de sus dedos y alternaba esa acción ansiosa rascándose la cabeza. Le ofrecí que me preguntara lo que quisiera, había que establecer un vínculo de franquezas. Su pregunta fue si yo podría conseguirle una arma “como esas que usan los sicarios”. La quería para ir practicando, convencido de que una vez que tuviera la fuerza suficiente podría ir en busca de su padre, el agresor que intentó matar a su madre.
Tito no tiene otra respuesta a la violencia que experimentó y presenció desde su nacimiento hasta cumplir la edad en que se considera a sí mismo un “niño mayor, listo y que no es marica porque sabe defenderse”. Para él, ser marica es lo más parecido a ser como su madre, es decir, desde su mirada infantil la mujer es débil, sumisa, tonta, porque “permitía” que el marido la mantuviera amenazada de muerte y con un maltrato psicológico que supera cualquier golpe. Y aunque el pequeño confiesa que la ama y la protegerá siempre, su miedo más profundo, casi descrito como terror, es convertirse en algo parecido a la mujer que le dio vida, que le procuró cariños y alimentos, que le contaba cuentos lindos por las noches para ahuyentar el miedo al ruido de la puerta cuando el padre volvía de noche.
Con apenas ocho años, Tito está convencido de que ser hombre es, necesariamente, ser violento y que hay que obtener poder a toda costa, porque, según sus palabras, “este mundo no es para cobardes”; una frase que escuchó en una película a la cual su padre lo llevó. En ella todos mataban, asegura, y la única manera de seguir vivo, concluye, es sabiendo que podrás matar a tu enemigo.
Dibuja en una hoja blanca. Elige la crayola negra y todo lo que vierte es caótico, informe; aprieta el puño para sostener el instrumento con que se desahoga, le pregunto qué dibuja. Sin mirarme, responde que nada. Lo miro en silencio, en pleno día su noche se derrama sin forma, sabe nombrar su ira, pero no su dolor ni su miedo. Porque él, como miles de niños maltratados, han aprendido a fuerza de malos tratos y de malos ejemplos de héroes masculinos que ser hombre es duro, que para soportar esa dureza hay que ser fuerte, negar el dolor y las emociones y construir herramientas mentales de negación que les permitan subsistir en su vida adulta.
Ser hombre para estos pequeños significa pasarse la vida huyendo de la debilidad, de las emociones, de eso que ellos conectan desde su mirada y su experiencia vital como lo femenino. Aman a su madre por ser dulce y cuidarlos, la odian por ser débil y por no ser como un hombre. Admiran y aman a su padre porque es proveedor y les acompaña en rituales como ver futbol; lo odian por ejercer violencias de diversos tipos, por hacerles sentir inseguros y abandonados.
Resguardados en albergues del Estado, en “casas filtros” del DIF, en hospicios de todo tipo, los hombres pequeñitos reciben terapias, pero casi nunca se les entregan las herramientas para mirar, entender y construir una masculinidad que no sea violenta. Una masculinidad que no sea maltratadora, abusiva del poder, sexista. Y aprenden a admirar a hombres que los maltratan, que violentan a las mujeres de su entorno, que pagan por sexo como un ritual de poder en que son sujetos y ellas objetos.
Los niños aman en contradicción profunda e incomprensible al actor principal de sus pesadillas. Al que puede ser su único modelo a seguir.
Aman a los padres que los abandonaron emocional o incluso físicamente y buscan siempre argumentos que la cultura y la sociedad les facilitan para justificarlos. Porque se quedó viudo, porque no tenía trabajo, porque el alcohol le hace daño, porque le hacen enojar y su violencia es siempre culpa de los otros. Todo a su alrededor, o casi todo, desde el cine, las caricaturas y el discurso social confabula para convencer a los niños de que la única manera de sobrevivir a un mundo abusivo, corrupto, violento, es sometiéndose al culto de la masculinidad. Como si sólo hubiera ese mundo.
Casi todas las bandas criminales juveniles del mundo tienen ritos iniciáticos de violación; ritos de masculinidad que nada tienen que ver con el sexo y mucho con el abuso del poder y el dominio del cuerpo de las mujeres. Miles se unen a bandas con la esperanza de ser aceptados para huir del mundo de los débiles, el mundo de la vulnerabilidad.
Basta ver los miles de soldados jóvenes que vuelven de la guerra con traumas inmensos, forzados, como dice la periodista Gloria Steinem, a ejercer violencia en contra de su voluntad, de lo que les dicta su conciencia, pero lo hacen porque se los ordenan los generales. Y lo mismo sucede con los bullies más poderosos de escuelas que luego de ejercer violencia psicológica incitan a los más débiles en la cadena a lastimar a otros.
Millones de niños pasan la infancia sin saber que hay otra forma de ser hombre que no es esa en que, para ser aceptado en el mundo de los masculino, hay que humillar, golpear, maltratar, corromper y mentir. Un mundo que los hipersexualiza venerando a sus genitales, desconectados de sus emociones eróticas y amorosas, y como resultado, ellos hipersexualizan a las mujeres como objeto y no como sujeto de su deseo.
Estos niños merecen más que un hospicio, más que sólo alejarlos de los agresores, merecen terapias con una perspectiva de masculinidad igualitaria. Merecen la posibilidad de hacerles ver cómo se construyen los roles de género injustos en que unas sirven y otros comen, en que unos parrandean y otras cuidan bebés, en que unos son sujetos y otras objetos. Steinem asegura que en las sociedades más igualitarias los roles de género, es decir, lo que “es femenino” y lo que “es masculino” no están polarizados, sino fluyen.
Por eso las políticas públicas con perspectiva de género no funcionan, porque se cree que decir perspectiva de género es decir mujeres. Y sí, el trabajo con mujeres y niñas es indispensable, pero si no fluye paralelamente con el de los niños y hombres, la igualdad nunca llegará. Tito debería de saber desde niño que puede ser poeta, escritor o bailarín (en lugar de ser sicario) que sin importar el oficio o profesión que elija no dejará de ser un ser humano único, que simplemente nació en un cuerpo de hombre, y que ser hombre puede ser una experiencia maravillosa, llena de gozo, de afectos, de capacidad para crear armonía social y personal. Necesita otro tipo de héroes cotidianos, de hombres congruentes que donen parte de su tiempo libre, como hacen miles de mujeres, para romper el círculo vicioso de la violencia machista.

Compartido por: Mtro Joaquín
Hay un período cuando los padres quedamos huérfanos de los hijos. Es que los niños crecen independientes de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes. Crecen sin pedir permiso a la vida. Crecen con una estridencia alegre, y a veces, con alardeada arrogancia, pero no crecen todos los días de igual manera, crecen… de repente.
Un día se sientan cerca de ti en la terraza y de dicen una frase con tal naturalidad que sientes que no puedes más ponerles pañales.
¿Dónde quedaron la placita de jugar en la arena, las fiestitas de cumpleaños con payasos y los juguetes preferidos…?
Crecen en un ritual de obediencia orgánica y una desobediencia civil.
Ahora estas ahí en la puerta del antro, esperando que él no sólo crezca sino que aparezca.
Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando patines, cabellos largos y sueltos.
Allá están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquina, con el uniforme de su generación e incómodas mochilas de moda en los hombros.
Allí estamos, con los cabellos casi emblanquecidos.
Estos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes, de los vientos, de las cosechas, de los errores y de los aciertos, principalmente con los errores que esperamos que no se repitan
Hay un período en que los padres vamos quedando un poco huérfanos de los propios hijos
Ya no buscaremos más en las puertas de los antros y las fiestas.
Pasó el tiempo del piano, el ballet, el inglés, natación y tae kwan do, salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.
Deberíamos haber ido más junto a su cama al anochecer, para oír su alma murmurando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia.
Y los adolescentes, debimos permitirles tener más cubrecamas de aquellas piezas de calcomanías, posters, agendas coloridas y discos ensordecedores.
No los llevamos suficientemente al cine, a los juegos, no les dimos suficientes hamburguesas y bebidas, no les compramos todos los helados y ropa que nos hubiera gustado comprarles.
Ellos crecieron, sin que agotásemos con ellos todo nuestro afecto.
Al principio fueron al campo o fueron a la playa entre discusiones, galletitas y congestionamientos, navidades, pascuas, piscina y amigos.
Sí, había peleas dentro del auto, la pelea por la ventana, los pedidos de chicle y reclamos sin fin.
Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento, pues imposible dejar al grupo de amigos y los primeros amoríos.
Los padres quedamos exiliados de los hijos, tenían la soledad que siempre desearon, pero de repente morían de nostalgia de aquellas “pestes”.
Llega el momento en que sólo nos resta quedar mirando desde lejos, torciendo y rezando, mucho, para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad y que la conquisten de modo más completo posible.
El secreto es esperar, en cualquier momento nos pueden dar nietos. El nieto es la hora del cariño ocioso y picardía no ejercida en los propios hijos y que no puede morir con nosotros.
Por eso los abuelos son desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño, los nietos son la última oportunidad de re editar nuestro afecto.
Así somos, sólo aprendemos a ser hijos después que somos padres y sólo aprendemos a ser padres después que somos abuelos…

Hoy no tengo ganas de escribir
ni poemas ni relatos de fantasía
sólo me aflora decir una cosa
gracias a todos por pasar por aquí
Me siento feliz de vuestra presencia
con el mapa puedo localizaros
a veces de sitios muy lejanos
y otras veces muy cercanos
A unos caeré más o menos bien
y a otros más o menos mal
pero lo importante es que entréis
y así poder saludaros
Ya me despido sin más
hasta siempre o hasta nunca
todo depende de vuestra voluntad
yo seguiré aquí en soledad
hasta que la inspiración me acompañe

Su nombre es Juliana y es de Bogotá, y tiene un sentido del humor que me hace recordar al personaje de Violeta del libro “Mi Diablo Guardián” del autor Xavier Velasco. Es ácida, directa y no muestra interés por lo que puedan pensar de ella. Aquí están recopiladas las que a mi parecer son sus mejores frases. También la puedes leer en su blog: http://unagotitadecafe.tumblr.com/
Mucha gente se siente confundida cuando una frase no termina de la manera que ellos pepino.
Con licor, a vasos te olvido, a veces no
No se metan conmigo, yo riego las flores escuchando black metal.
Mi criterio para escoger al amor de mi vida es si deja o no la orilla de la pizza.
No es necesario que seas mi hijo para que pases mucho tiempo en mi vientre.
Prefiero que no me conteste, la señora del correo de voz sí me sabe escuchar.
Hasta que la muerte nos separe. Yo muero por otro, adiós.
No me importa que en el matrimonio algo salga mal. Lo importante es que entre bien.
Los dientes son esas cosas para quitarte las medias.
Banda de himen orgasmizado.
Guardo una jarra vacía en la nevera, por si la visita quiere ‘nada’.
El “nada” de las mujeres es el mayor problema filosófico de todos los tiempos.
Yo tengo poemas existenciales.
El chico de mis sueños tiene problemas existenciales.
Me gusta la serbesa y cer vezada.
¿Qué es clítoris? Ah, lo tenía en la punta de la lengua.
Cuando tengan hambre, sacudan el teclado sobre su boca. Así hibernamos los tuiteros.
Coloreo por fuera de la raya porque soy bien hardcore.
Mi verdadera felicidad está adentro. Y afuera, y adentro, y afuera, y adentro
Yo le veo el lado positivo al amor, porque tiene pilas. Y vibra.
Es difícil decir “te amo”. Pero es más difícil decirle a alguien que tiene un moco.
Me duelen los dedos de tanto pensarte.
Un bar que se llame cuatro, para reír cuando me pregunten dónde estoy.
Haré un bar que se llame Amorada, para que cuando me pregunten dónde estoy, me sienta ridícula.
“Sólo como amigos”. Entonces cómeme.
Te tengo ganas y un pedacito de cupcake en la nevera.
Cuando te pido que me hagas sentir mujer, no me refiero a que me pongas a lavar pisos. Putito.
Tengo Blu-ray, el príncipe azul es para las pobres.
Me siento frustrada. Tal vez encima tuyo me sentaría mejor.
La bigamia es ser dos veces idiota.
Cuando me preguntan “are you a human?” al resolver un captcha, apago el PC y lloro en una esquina.
Mi leche se cortó. Supongo que no pudo soportar tanta frialdad
Bájate de esa nube mi amor, no eres Gokú.
Me pidió espacio y abrí las piernas.
Hoy follo. Mañana me frefaro fizza.
Soy como “Shift”. No tengo sentido si estoy sola.
Su trabajo es de jardinero. Dejar dinero a las prostitutas.
Y te pienso en HD.
¿Por qué no salir conmigo, si sé colorear por dentro de la raya?
Necesito urgente un frasco de mermelada para que lo abra mi novio. Si me consiguen un novio, también les agradecería.
Pasaste de ser mi sueño, a darme sueño
Ella no me cae mal, es solo que me molesta cuando respira.
Yo no hablo con mi novio cuando termino de hacer el amor. Generalmente mi celular está descargado.
Deleite hoy, delete mañana
Yo no moría por ti, estaba de parranda.
Lárgate, vete lejos de aquí. Pero sin soltar mi mano.
Ayer cumshot, hoy lágrimas en la cara.
Jugábamos a ser Fénix, pero el fuego pudo más.
Parqueo en la zona de discapacitados porque me rompieron el corazón
Puedo escribir los besos más tristes esta noche.
Sería más eficaz escucharte, si tu lengua bebiera un suave sorbo de mi oreja.
Sólo me arrepiento de los pecados que aún no he cometido.
En síntesis, mi proyecto de vida es ser tu sábana.
Yo endulzo mi café con venganza.
Me pediste que te dedicara tiempo, pero no encuentro esa estúpida canción.
¿Que si me gusta Maradona? ¡Me encanta! ¡Que viva la reina del pop!
Soy como la gripa. Me desaparezco después de dejarlo varios días en cama.
Me pediste que fueramos despacio. Tienes razón, es mejor ir caminando hasta la iglesia el día de nuestra boda.
Luego de que dijiste que era ninfómana y nada dulce, me unté mermelada en todo el cuerpo a ver si así ya lo soy.
Seré abogada y tendré los amigos con derechos que se me den la gana.
Me gusta cuando tus piernas y las mías juegan a ser audífonos en el bolsillo.
La mujer perfecta es la que se delinea los ojos sin abrir la boca.
Soy tan buena pensándote, que hasta lo puedo hacer con los ojos cerrados.
Lo hice, llegué virgen al matrimonio. Al de mi tía, hace cinco años.
Adicta a la bocaína.
Cuando quiero desahogarme, dejo de pagar el recibo del agua.
Me dijo “recuéstate en mi hombro”. Yo me recosté en su hombre
Me gustan los cuadrúpedos. Sobre todo cuando se trata de tus piernas enredadas en las mías.
Tú te ríes de mis sueños, y yo sueño con tu risa.
Sólo pienso en ti porque es gratis
Que el corazón esté vacío, pero la cama nunca.
Yo tengo a una mujer rendida a mis pies. Mi pedicurista.
Juguemos a que yo soy la tarea y tú el perro.
Desde que me dijiste que lo que importa es el interior, compro Victoria’s Secret.
:N :O :V :I :O ¿Lo ven? Ninguna carita feliz.
Dios inventó el miedo para que me abrazaras.
Cambiaré el nombre de mi mamá en el celular por “él”, para creer que me llamas mucho.
Yo te doy espacio para que salgas con tus amigos. Un espacio detrás de tu espalda para ir colgada de ti.
Y ustedes, enamorados, ¿se creen menos idiotas que los que creen en Papá Noel?
Mi novio es rubio, con ojos azules, cocina, usa corbata, y es trabajador y famoso: Mi novio es Bob Esponja.
Yo lo único que le miro a un hombre, es que tenga puntería para orinar. ¿Es mucho pedir?
No me gusta que tus besos me interrumpan cuando finjo que te dejé de querer
I want you to wish me (s)we(e)t dreams.
A veces fumar no es más que disfrazar suspiros.
Si vas a hacerme a un lado que sea al tuyo.
No sé por qué mi novia odia tanto a mi amante si tienen macho en común
Yo sólo me hago pancakes para que por lo menos el tarro de miel me diga Honey.
—Juguemos a que mueres por mí pero me lo ocultas. ¿Mueres por mí? —No. —Qué bien juegas.
Ojalá tu padre hubiese usado condón aquella noche de noviembre de 1984.
Le dije que quería casarme con él y no me dijo nada, porque los frascos de nutella no hablan.
¿Tu novia estornuda cada segundo o esa es su cara?
Entiendo más un captcha que a ti
El sexo como el ajedrez, hay que saber en qué posición poner a tu reina.
No confío en los hombres que prometen bajar la luna y no la ropa interior.
El vino que más me gusta es Se Vino.
Mamá, papá, acabo de decidir que viviré sola. Les dejé las maletas afuera de la casa.
Aqui les dejo las imagenes listas para su computadora, las pueden imprimir en camisetas, posters, almanaques, calendarios, fotos para la oficina, envoltura de regalo, papel de baño, en fin, las posibilidades son infinitas!
Dato: las imágenes fueron tomadas de manicomios reales que ya no están funcionando.
Una desgracia puede ser el disfraz de una bendición.
El fracaso es sólo un cambio de camino.
Todo rechazo es una oportunidad de ser tú mism@.
Y a veces perder es ganar.
Y no encontrar lo que se busca es encontrarse.


Por: dAVo
A petición expresa por parte de Alejandra, y aún con muchas dudas, acudo a la cita en un antiguo parque de beisbol que se encuentra cerca de la casa de mi abuela.
La veo a lo lejos, y es linda como si el tiempo no hubiese pasado en ella. Sus enormes ojos verdes, el cabello largo y esponjado, color marrón, piel blanca y suave, y esos labios gruesos que siempre fueron su mejor carta de presentación.
Ella se acerca caminando, y sin más saludo que un tímido “hola” desbarata todas las defensas que había antepuesto a su figura.
Desde la afirmación que me había sido infiel, y que era recíproco, hasta el hecho de explicarle que mi conducta provenía de la misma convicción, tristemente coincidimos moviendo las cabezas de manera afirmativa, concluyendo con la frase “ya nada se puede hacer” pues era obvio, estaba embarazada y había contraído matrimonio.
Me pareció por un momento a pesar de toda esta sinceridad, sentirme atado por dentro, conteniendo el veneno que traía acumulado.
Continúe escuchando todo que siempre quise oír cuando teníamos una relación, es cierto, fue triste, pero de alguna manera reconfortante. Esta fue la primera vez en tantísimo tiempo que escuche de su parte obsequiarme frases positivas y una que otra recomendación acerca de mi conducta.
Todo parecía indicar que esperaba un beso, di dos pasos atrás, y algunas personas salidas sabrá Dios de donde se encontraban ahora en las escaleras del pequeño parque de beisbol.
Leí sus labios diciéndome “te amo” jugué con ella contestándole: si, ya se que te amas, jugándome la última carta de protección, pues sabía que si esta charla continuaba, no podría soportar más y me arrojaría a sus brazos.
“Ya es muy tarde” dijimos al unísono. Y me acompañó al automóvil donde mi madre y mi hija me esperaban con la mirada expectativa acompañada de una sonrisa.
Un seco adiós al voltear y dirigirme hacia ella fue todo lo que pude ofrecer, y como si se le quebrase el alma y presintiendo que jamás nos volveríamos a encontrar, se despidió ondeando la mano derecha, haciéndose cada vez más lejana, mientras el auto avanzaba.
Despierto con el aire frío de las primeras horas de la mañana, está amaneciendo, ya la luz del sol se hace presente, a un lado de la cama, alcanzó a observar la hamaca colgada, vacía, meciéndose por si misma, como si alguien estuviese conmigo.
Aun me quedan muchas dudas, no se si fue un viaje astral, una broma de mi padre muerto, o es que de una u otra forma, alguien quiso darme un pedazo de paz que tanto necesitaba.

































Los Grilleros